LOS CESTEROS DE TIENDA RICA
MAESTROS CESTEROS Y TAPADORES DE PAJARES
“Los Cesteros de Tienda Rica”
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Modesto González maestro tapador de pajares y de cestería de castaño |
Tras la
colonización castellana, llegan a Canarias nuevas formas constructivas y
oficios tradicionales que se adaptan al medio rural y al tipo de material
inerte y vegetal procedente del medio circundante. La arquitectura rural más
destacada y que suscita mayor admiración en el Valle de La Orotava,
es el denominado “pajar” o “pajal. La producción
de la materia prima y la consecuente edificación de las chozas tradicionales,
era obra del propio campesino, lo que le convertía en un auténtico tapador de pajares y, en muchos casos,
especialista en este tipo de cantería rural.
Este
es el caso de esta familia de tapadores
de pajares y, posteriormente, cesteros de varas de castaño, conocidos
popularmente como Los Cesteros de Tienda Rica, cuya permanencia en el tiempo es un ejemplo
vivo de subsistencia ante el cambio económico que acontece en el Valle a partir
de la década de los sesenta. Para esta
familia, la generación más lejana que ejerció el oficio de tapador se remonta
al siglo XIX. Don Martín González, medianero de la finca Las Rosas, ubicada en
la zona de Tienda Rica al margen de la carretera general TF-21 (La Orotava),
permaneció en el lugar ante esta etapa
de decadencia económica.
Don
Dionisio González Marrero, hijo de Don Martín, ocupa el segundo lugar en el
relevo generacional. Fue jornalero en los cultivos plataneros, ubicados en la
costa, y recogió “cisco” en las cumbres del Valle. El régimen vigente permitía
al propietario la expulsión del medianero y ante esta forma de presión, Dionisio
se ve obligado a abandonar el oficio de
jornalero para dedicar la totalidad de la jornada laboral al puesto de medianero.
En los años siguientes, los ocho hijos e hijas de Dionisio, se inician desde
muy jóvenes en las labores agrícolas y ganaderas, esta numerosa mano de obra va
a permitir una división familiar condicionada por el género, siendo los varones
los que aprenden el oficio de tapador.
Tres
de los varones, hijos de Dionisio, se responsabilizan de reponer la techumbre
de los once pajares que constituían el hogar familiar y se especializan en el
oficio, dedicándose durante años a tapar numerosos pajares por encargo de las
familias vecinas. Dionisio y sus tres hijos, se convierten en verdaderos
conocedores del cultivo del cereal y de las labores agrícolas asociadas.
Conocido
como Nino y llamado Dionisio como su padre, el mayor de los tres hermanos constituyó
el eje fundamental del negocio familiar que se iniciaría en años posteriores.
Desde muy joven, Nino jugó un papel
primordial en las labores de alfabetización de los barrios marginales. La
constancia y dedicación al aprendizaje de pequeñas escuelas distribuidas en el
Valle, permitió a Nino una formación básica pero imprescindible para divulgar
sus conocimientos entre la población local. Esta gran labor educativa, estuvo
enfocada hacia la enseñanza básica de jóvenes entre nueve y dieciséis años de
edad.
Durante
algún tiempo, Nino dedicó su tiempo libre a la enseñanza en la finca Las Rosas,
en horario de tarde, en un pajar de grandes dimensiones, al que la población
cercana consideraba “la escuela”. En los años cincuenta, Nino se inicia en el
aprendizaje de cestero de varas de castaño junto con su hermano Modesto, como
alternativa al oficio de maestro debido a la escasa remuneración que éste suponía.
Aprende con Don Rafael, cestero procedente del barrio cercano de Pinolere, que
ejercía tal oficio en la finca colindante. En los años posteriores se une al
dúo el menor de los hermanos, Donato, quien comienza la labor siendo un
aprendiz hasta que, finalmente, ejerce el oficio en igualdad de condiciones que
sus hermanos.
La
ubicación definitiva del taller artesanal, al margen de la TF-21,
en la zona conocida como Tienda Rica, constituyó una de las estrategias
fundamentales que permitió la captación de numerosos clientes y la promoción de los
productos elaborados. A ello, los tapadores
y ahora cesteros, sumaron una forma
novedosa de incrementar los ingresos mediante el reparto a domicilio de los
cestos en el emblemático Avia color
amarillo, propiedad de Nino, que se convertiría en el distintivo del negocio
familiar durante años.
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Donato González González, cargando madera de castaño para cestería. |
En
1993, se produce la triste e irreparable pérdida del mayor de los hermanos. La
ausencia del cabeza de familia, maestro y guía en el oficio suscitó el
desconcierto entre la familia y la población. Reconocido por su colaboración en
la enseñanza y como artesano de oficio, Nino es uno de los maestros cesteros
más rememorados, cuya labor aún persiste entre los recuerdos de todos aquellos
que le conocieron. A pesar de ello, la constancia y el perfeccionamiento en el
oficio de los hermanos menores, permitió la continuidad de la artesanía en el
taller de siempre.
En los
últimos años, Modesto y Donato González González, han recibido numerosos
premios y distinciones de varias instituciones. Convertidos en maestros
artesanos, han participado de diversas iniciativas por la conservación de estos
oficios tradicionales como es la enseñanza a varios jóvenes de la zona a través
de la Asociación
Cultural Pinolere, entre los cuales, se
encuentran algunos de sus hijos e hijas, cuarta generación de esta saga de
artesanos que apuesta por dar continuidad a la tradición familiar.
* Artículo aparecido en la sección DESDE LA TRONERA del periódico DIARIO DE AVISOS el domingo 12 de agosto de 2012. Aquí dejamos el enlace:http://culturayocio.diariodeavisos.com/2012/08/12/los-cesteros-de-tienda-rica/
Yaiza
González Hernández
Ingeniera
Agrónoma, Técnico de la Asociación Cultural Pinolere
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