domingo, 12 de agosto de 2012

LOS CESTEROS DE TIENDA RICA


MAESTROS CESTEROS Y TAPADORES DE PAJARES
 “Los Cesteros de Tienda Rica”

 
Modesto González maestro tapador de pajares y de cestería de castaño
Tras la colonización castellana, llegan a Canarias nuevas formas constructivas y oficios tradicionales que se adaptan al medio rural y al tipo de material inerte y vegetal procedente del medio circundante. La arquitectura rural más destacada y que suscita mayor admiración en el Valle de La Orotava, es el denominado “pajar” o “pajal. La producción de la materia prima y la consecuente edificación de las chozas tradicionales, era obra del propio campesino, lo que le convertía en un auténtico tapador de pajares y, en muchos casos, especialista en este tipo de cantería rural.

Este es el caso de esta familia de tapadores de pajares y, posteriormente, cesteros de varas de castaño, conocidos popularmente como  Los Cesteros de Tienda Rica, cuya permanencia en el tiempo es un ejemplo vivo de subsistencia ante el cambio económico que acontece en el Valle a partir de la década de los sesenta.  Para esta familia, la generación más lejana que ejerció el oficio de tapador se remonta al siglo XIX. Don Martín González, medianero de la finca Las Rosas, ubicada en la zona de Tienda Rica al margen de la carretera general TF-21 (La Orotava), permaneció  en el lugar ante esta etapa de decadencia económica. 

Don Dionisio González Marrero, hijo de Don Martín, ocupa el segundo lugar en el relevo generacional. Fue jornalero en los cultivos plataneros, ubicados en la costa, y recogió “cisco” en las cumbres del Valle. El régimen vigente permitía al propietario la expulsión del medianero y ante esta forma de presión, Dionisio se ve obligado  a abandonar el oficio de jornalero para dedicar la totalidad de la jornada laboral al puesto de medianero. En los años siguientes, los ocho hijos e hijas de Dionisio, se inician desde muy jóvenes en las labores agrícolas y ganaderas, esta numerosa mano de obra va a permitir una división familiar condicionada por el género, siendo los varones los que aprenden el oficio de tapador.

Tres de los varones, hijos de Dionisio, se responsabilizan de reponer la techumbre de los once pajares que constituían el hogar familiar y se especializan en el oficio, dedicándose durante años a tapar numerosos pajares por encargo de las familias vecinas. Dionisio y sus tres hijos, se convierten en verdaderos conocedores del cultivo del cereal y de las labores agrícolas asociadas.
Conocido como Nino y llamado Dionisio como su padre, el mayor de los tres hermanos constituyó el eje fundamental del negocio familiar que se iniciaría en años posteriores. Desde  muy joven, Nino jugó un papel primordial en las labores de alfabetización de los barrios marginales. La constancia y dedicación al aprendizaje de pequeñas escuelas distribuidas en el Valle, permitió a Nino una formación básica pero imprescindible para divulgar sus conocimientos entre la población local. Esta gran labor educativa, estuvo enfocada hacia la enseñanza básica de jóvenes entre nueve y dieciséis años de edad. 

Durante algún tiempo, Nino dedicó su tiempo libre a la enseñanza en la finca Las Rosas, en horario de tarde, en un pajar de grandes dimensiones, al que la población cercana consideraba “la escuela”. En los años cincuenta, Nino se inicia en el aprendizaje de cestero de varas de castaño junto con su hermano Modesto, como alternativa al oficio de maestro debido a la escasa remuneración que éste suponía. Aprende con Don Rafael, cestero procedente del barrio cercano de Pinolere, que ejercía tal oficio en la finca colindante. En los años posteriores se une al dúo el menor de los hermanos, Donato, quien comienza la labor siendo un aprendiz hasta que, finalmente, ejerce el oficio en igualdad de condiciones que sus hermanos.

La ubicación definitiva del taller artesanal, al margen de la TF-21, en la zona conocida como Tienda Rica, constituyó una de las estrategias fundamentales que permitió la captación  de numerosos clientes y la promoción de los productos elaborados. A ello, los tapadores y ahora cesteros, sumaron una forma novedosa de incrementar los ingresos mediante el reparto a domicilio de los cestos en el emblemático Avia color amarillo, propiedad de Nino, que se convertiría en el distintivo del negocio familiar durante años.
Donato González González, cargando madera de castaño para cestería.

En 1993, se produce la triste e irreparable pérdida del mayor de los hermanos. La ausencia del cabeza de familia, maestro y guía en el oficio suscitó el desconcierto entre la familia y la población. Reconocido por su colaboración en la enseñanza y como artesano de oficio, Nino es uno de los maestros cesteros más rememorados, cuya labor aún persiste entre los recuerdos de todos aquellos que le conocieron. A pesar de ello, la constancia y el perfeccionamiento en el oficio de los hermanos menores, permitió la continuidad de la artesanía en el taller de siempre.

En los últimos años, Modesto y Donato González González, han recibido numerosos premios y distinciones de varias instituciones. Convertidos en maestros artesanos, han participado de diversas iniciativas por la conservación de estos oficios tradicionales como es la enseñanza a varios jóvenes de la zona a través de la Asociación Cultural Pinolere, entre los cuales, se encuentran algunos de sus hijos e hijas, cuarta generación de esta saga de artesanos que apuesta por dar continuidad a la tradición familiar.


* Artículo aparecido en la sección DESDE LA TRONERA del periódico DIARIO DE AVISOS el domingo 12 de agosto de 2012. Aquí dejamos el enlace:http://culturayocio.diariodeavisos.com/2012/08/12/los-cesteros-de-tienda-rica/
 
Yaiza González Hernández
Ingeniera Agrónoma, Técnico de la Asociación Cultural Pinolere
           

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